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jueves, 21 de agosto de 2025

ENTREVISTA A PABLO ROMERO GARCÍA

 

Es docente de filosofía egresado del Instituto de Profesores Artigas, con un posgrado como especialista en política y gestión de la educación, publico un libro llamado “Sobre el sentido de educar” y además ha buscado trascender el aula en un proyecto televisivo de TV Ciudad en el que a través de pequeñas intervenciones, explicaba los temas centrales de la serie catalana Merlí, esto también lo ha catapultado a poder generar mayor presencia en los medios y con eso lograr exponer diferentes temáticas de interés filosófico que pueden llegar a contribuir a lograr una sociedad mejor. En esta oportunidad paso por Periodismo en tus Manos Pablo Romero García.

¿Está de moda la filosofía?

Hay señales contradictorias: por un lado, tenemos recortes de horas y de contenidos programáticos de Filosofía en muchos lugares del mundo a nivel de estudios secundarios y universitarios, lo cual ha sucedido también en Uruguay, por cierto, con la reforma educativa en curso. Estos recortes se han dado en detrimento de abordajes considerados “pragmáticos”, asociados meramente al mercado laboral o a las ciencias económicas, que consideran a la filosofía como una tarea inútil o de menor importancia en la formación del individuo. Un síntoma de esto es que en el inicio de nuestro bachillerato se hayan colocado horas de un emprendedurismo y quitado de Filosofía. Al respecto, vale la pena leer el planteo de Martha Nussbaum en su obra Sin fines de lucro: por qué la democracia necesita de las humanidades. Por otro lado, hay un renovado interés por la filosofía a partir de producciones audiovisuales y debates contemporáneos que alcanzan a buena parte de la población. Por ejemplo, fenómenos masivos como la serie catalana Merlí o incluso canales de YouTube que están generando contenidos de reflexión filosófica para una audiencia sobre todo juvenil, debates éticos sobre el uso de las nuevas tecnologías y sobre el modo de vida que llevamos en tiempos de la llamada sociedad del cansancio - como bien lo plantea Han, uno de los filósofos actuales más interesantes-, demuestran un renovado interés por el abordaje filosófico de nuestros problemas existenciales, tanto a nivel individual como colectivo.

A pesar de los recortes de horas a nivel de su presencia académica, bien vale la pena resaltar que la matriculación en estudios formales de Filosofía ha venido en aumento, lo cual es otro síntoma muy bueno respecto de ese actual interés. Falta, claro, la comprensión de su importancia desde quienes construyen políticas públicas a nivel educativo. En lugar de reforzar la presencia de la filosofía a nivel curricular (debería estar presente desde primaria, trabajándose en la línea de la filosofía con niños, que tiene una larga tradición de desarrollo) se ha venido cercenando de manera incomprensible. A ese nivel, el pragmatismo miope de algunos diría que nos está cegando a todos.

¿Qué lugar crees que le damos a los cuestionamientos de tipo existencialistas teniendo en cuenta el ritmo de vida del siglo XXI?

Recién refería al filósofo surcoreano Byung-Chul Han y bien vale traerlo a escena para responder esta cuestión. En La sociedad del cansancio, escrita en 2010, Han señala que ya no estamos dominados por un poder represivo que nos controla sino por una auto explotación, basada en una sensación falsa de libertad. No hay un “otro” que oprime, que nos vigila y castiga, como señalaba Foucault en su lectura de nuestra sociedad moderna panóptica, sino que cada uno se presiona a sí mismo desde el mandato interiorizado de rendir, producir, consumir, optimizarse permanentemente y sin pausa. Justamente, ese vivir el tiempo sin pausa, esa aceleración contemporánea, destruye la capacidad contemplativa y genera situaciones de burnout, depresión y ansiedad. En lugar de enfrentarnos al vacío y al sentido de la existencia, de preguntarnos por el para qué de nuestra existencia, nos mantenemos ocupados en un hacer compulsivo que anestesia las preguntas profundas. Vivimos, plantea Han y creo que tiene absoluta razón al respecto, en un presente fragmentado, donde lo inmediato se impone sobre cualquier reflexión. Y es por este mismo panorama que nos presenta el ritmo de vida del siglo XXI -el cual parece sofocar las preguntas existenciales- que resulta cada vez más importante el abordaje filosófico de nuestra existencia, el priorizar la pausa reflexiva, la necesaria soledad contemplativa donde nos podamos pensar a uno mismo y a la sociedad que habitamos.

En este siglo XXI marcado por el ritmo acelerado de la vida, con su enfoque en la productividad, la tecnología y la inmediatez, donde la sensación de lo "absurdo", del sinsentido y la angustia están muy presentes, es clave retomar y amplificar las grandes preguntas sobre nuestra existencia y su sentido, sobre el por qué y el para qué de nuestras vidas y del rumbo de nuestras sociedades.

¿Las nuevas generaciones buscan ser más críticas o prefieren el contenido digerido?  ¿Cómo entiendes que deberíamos de replantearnos las nuevas formas de aprender en momentos donde el conocimiento está al alcance de un clic?

Construir pensamiento crítico en las nuevas generaciones es un desafío permanente, que los educadores vivimos a diario en nuestras aulas. Lo ha sido probablemente en todo momento, aunque lo es particularmente en estos años. La tendencia a lo digerido, reforzada por el uso de las nuevas tecnologías, es todo un problema. Ciertamente, el conocimiento está al alcance de un clic, pero no su debido apropiamiento crítico. Allí tenemos que diferenciar bien el asunto. Como nunca en la historia de la humanidad tenemos acceso a la información, pero sigue siendo clave el modo en que nos relacionamos con esa información, en cómo la comprendemos, en cómo nos apropiamos en términos intelectuales del proceso. Saber discernir sobre lo realmente valioso, saber discriminar la calidad de los contenidos, saber navegar en ese mar de la información es el punto central del desafío que nos propone esta sociedad del conocimiento del siglo XXI. Prácticamente todos podemos acceder al conocimiento a partir de un clic, pero eso no significa que realmente estemos accediendo a un proceso cognitivo deseable, complejo, particularmente en tiempos de contenidos que se presentan de manera breve para un público que parece estar deseando la facilidad de lo digerido.

Hace pocos días un colega del campo educativo me compartió un artículo que tiene un atractivo título: Parménides en Tiktok: cómo aprenden filosofía los más jóvenes, publicado en El País de España. Vale la pena leerlo y más allá de su contenido puntual, ya el título dispara algunas reflexiones que quisiera compartir para seguir pensando juntos.

En primera instancia, diría que el asunto es un tanto complicado: por un lado, tales formatos pueden acercar ciertamente a temas filosóficos y generar el vital interés por contenidos culturales complejos, o sea, ser inicialmente un buen “gancho” formativo dado los modos de consumir productos audiovisuales por parte de los más jóvenes (y no tanto, agregaría). Yo mismo viví esa experiencia positiva con los videoclips breves que realicé sobre cada uno de los capítulos de las tres temporadas de la serie catalana “Merlí”, los cuales obtuvieron una respuesta muy alta de interés y niveles de reproducción realmente muy buenos. Pero, por otro lado, su formato similar al de los reels y shorts, que es el habitual en TikTok, YouTube y redes similares, también está transformado radicalmente la economía de la atención. Y no sin ciertas consecuencias cognitivas y culturales.

Por ejemplo, percibo que están comenzando a afectar la (ya afectada) capacidad de atención.

Generan una especie de fragmentación cognitiva, en donde el consumo repetido de contenido breve y muy excitante del sistema nervioso central termina por entrenar al sujeto en la búsqueda de estímulos rápidos y muy cambiantes. Y esto claramente dificulta la tarea de focalizar, la capacidad de concentración. Y así aleja al individuo del ejercicio del pensamiento profundo y sostenido en el tiempo, base de la formación educativa sólida que, en definitiva, construye un diferencial en la igualdad de oportunidades.

Leer textos largos, escuchar entrevistas de varios minutos o ver documentales de largo aliento, por ejemplo, exigen un esfuerzo cognitivo que, en cierto modo, los reels y shorts nos acostumbran a evitar.

A su vez, también encuentro que fomentan la reducción de tolerancia al aburrimiento. El gran flagelo de la cada vez más habitual frase de “estoy aburrido”. La hiperestimulación constante reduce nuestra capacidad para lidiar con momentos de baja intensidad, que son esenciales para la reflexión y el aprendizaje. La pérdida de la pausa reflexiva larga es parte del problema que enfrentamos desde hace mucho tiempo y que se ha agravado en los últimos años. Hoy día parece casi utópico pensar, por ejemplo, que un estudiante de bachillerato pueda leer de una clase para otra un repartido de 4 o 5 carillas. Bien sabemos los docentes que esa es la realidad general (siempre hay notables excepciones, claro) que atraviesa nuestras aulas. Sin embargo, esos mismos estudiantes pueden pasar horas consumiendo reels unos tras otros, con diversos temas y todos de muy breve duración. Se gastan el dedo haciéndolos correr por las pantallas de sus celulares. La atención está totalmente fragmentada y la tensión teórica sobre un tema puntual en clase difícilmente pueda luego superar los 10 o 15 minutos, más allá de los denodados esfuerzos de los docentes por intentar ser un “corto” divertido, dinámico y atractivo. Y, claro, se nos acusa de ser el problema, por ser aburridos.

Es un tema importante para pensarnos con relación a los actuales desafíos educativos. Son formatos que logran conectar con los nuevos modos de consumir contenidos y con el uso adictivo de las pantallas móviles, pero parecen tener un alto costo en la afectación cognitiva y cultural de largo plazo.

En todo caso, habrá que buscar equilibrios y utilizar del mejor modo posible tales recursos, quizás teniendo muy presente que deben ser puertas de entradas y no simplemente de llegadas. La pereza intelectual podría ser un nuevo pecado capital en tiempos que invitan al pensamiento corto.

 ¿Cuánto de filosofía crees que existe en la política y cuanto de política crees que existe en la filosofía? (pensando en Sócrates por ejemplo que perfectamente podría ser un político de la actualidad)

En su sentido más profundo, son espacios imposibles de disociar, más allá de que las prácticas políticas partidarias y las prácticas de nuestros políticos de actualidad, distan mucho de cualquier praxis filosófica. El ejercicio de la política actual, de la arena de la política representativa, está muy mediada por el marketing y por la comunicación estratégica con relación a la captación del voto, y se ha ido desplazando lo filosófico, al punto tal que tales planteos se vuelven incómodos e indeseables. Pero, claro, inevitablemente está presente en cada decisión que se toma y en cada discurso que se coloca en la escena pública. No cabe duda de que Sócrates no sería hoy en día un parlamentario y se dedicaría a hacerse un festín con las permanentes contradicciones de nuestros políticos, por lo cual sería probablemente “cancelado” y considerado tan peligroso para el orden establecido como lo fue en su tiempo, en la antigua Atenas. Y su accionar nos recodaría algo fundamental: la política mayor claramente tiene mucho de filosofía y la filosofía siempre supone una práctica política.  Ni la política ni la filosofía son neutras. Implican siempre un tomar posición respecto de la sociedad, de una concepción de lo justo, de lo deseable, del rol del poder y su incidencia en la construcción de una sociedad con mayor igualdad de oportunidades.

En tiempos de fake news ¿qué valor crees que le damos a la verdad? ¿Cada vez aplica más aquello de que existen tantas verdades como personas haya? Ante esta situación ¿La mentira pierde valor o está más presente de lo que creemos y no nos damos cuenta?

Sin lugar a duda, este es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. En mi libro Sobre el sentido de educar abordo esta cuestión en particular relacionándola con el rol contemporáneo de la filosofía. Claramente, el concepto de verdad está en jaque en tiempos de las llamadas fake news, pues ya no es central esgrimir la verdad en términos públicos, sino que lo que se valida y se vuelve legítimo en última instancia es la capacidad de persuadir, de convencer, de hacer viral un discurso o una acusación, aunque sea mentira, priorizando que sea capaz de emocionar, de generar adhesión en el público, sobre todo hacia la trinchera ideológica a la cual está dirigida, y ser replicada así lo más posible.

Y en alguna medida esto ha tenido que ver con haber llevado al extremo posiciones filosóficas relativistas. El planteo posmoderno que sostiene, en definitiva, la idea de que la verdad es siempre relativa, de que cada sujeto tiene su propia “verdad” ha terminado por convertirse en un fetiche que trajo consigo el problema de que, si todo es verdad, ya nada lo es. Y en esa perspectiva se rompen los puentes posibles de todo dialogo y la propia filosofía se vuelve una tarea inútil. Cada uno vive en su propia burbuja de la verdad, siempre subjetiva y sin posibilidades siquiera de alcanzar modos de la intersubjetividad. Y el caldo de cultivo que se genera, claro, es perfecto para este mundo de las fakes news.

En este contexto, es importante retomar la idea de que aunque no exista en el campo social algo así como la verdad absoluta, indiscutible, axiomática (sí en las ciencias exactas, claro, pero ahí ya es otro el asunto) sí tenemos verdades siempre provisorias donde una son más relevantes que otras y en donde debemos tener en cuenta, como planteaba Habermas, que la verdad no se define por el individuo aislado sino que se construye en procesos de comunicación donde constantemente debemos someter a prueba lo afirmado. Y esto no está sucediendo, pues justamente en la era de las fake news la mentira no se presenta ya como una accionar totalmente consciente, sino como la naturalizada como “justa” o conveniente defensa de “mi versión” de los hechos. O sea, diría que la mentira no perdió valor, sino que ganó “eficacia”: ahora es rentable, produce votos, clics, consumo y adhesión emocional. Podría decirse que vivimos en una época en que la mentira se volvió más peligrosa, en todo caso, porque ya no se reconoce como tal. Se ha vuelto parte del ecosistema comunicativo, y esa naturalización es quizá más grave que la mentira misma. Sin lugar a duda, tenemos un grave problema allí. Y la filosofía tiene un desafío central en intentar volver a poner al concepto de verdad en la centralidad del discurso público y de nuestros actos comunicativos cotidianos. Se ha vuelto una cuestión ética de primer orden.

¿Por qué crees que a la humanidad le cuesta tanto entender y aceptar que esto a lo que llamamos vida, tiene un fin? ¿Tiene que ver con el desarrollo en la capacidad de “amar y sentir”?

Es parte de la condición humana el deseo de trascendentalidad. La dificultad para aceptar el fin, para asumir nuestra finitud ha sido, es y seguirá siendo parte de nuestra humanidad, de nuestra capacidad de reflexión sobre lo que la vida significa (aquello que señalaba Heidegger respecto de que somos un ser para la muerte y que tomar conciencia de tal cuestión genera inevitablemente angustia…aunque, bien vale decirlo, también genera -o debería hacerlo- una claridad existencial respecto del saber qué y cómo vivir) y también porque es algo natural en cualquier ser vivo el instinto de sobrevivir. Y, claro, la idea de un final absoluto choca de frente con ese instinto primario. Y aparece la negación y con ella muchas ideas respecto de las posibilidades de supervivencia más allá de esta vida física. La historia de la humanidad está tejida también por la construcción cultural de la inmortalidad, particularmente desde la perspectiva religiosa, aunque no únicamente. Nuestra capacidad de reflexionar sobre el futuro nos hace únicos dentro del reino animal, pero también nos condena, por ejemplo, a anticipar nuestra propia muerte, a pensar en nuestro fin. En la Apología de Platón, Sócrates reflexiona sobre la muerte y nos dice que debemos abordarla con serenidad, que no es algo que debería generarnos miedo sino, en todo caso, un misterio a aceptar. Ciertamente, esto no es algo fácil y habitual. Necesitamos de algún modo buscar sobrevivir. Y nuestra capacidad de amar y sentir es un motor para esa búsqueda. Hay un apego a la vida. La capacidad de amar, que involucra a personas, a proyectos, situaciones, etc, construye vínculos emocionales que hacen que la idea de perderlos sea realmente insoportable. La muerte no solo amenaza nuestra existencia, sino también todo aquello que le da sentido a nuestra vida, que construye las conexiones emocionales que nos sostienen. En algún punto, la muerte incluso puede sentirse como una especie de traición, como un abandono, respecto de esos vínculos emocionales.

Este sin dudas, es un asunto que de un modo u otro tememos enfrentar. En mi caso, creo que el mayor miedo es el de la posibilidad de la muerte de aquellos que amamos más que lo que me genera pensar en mi propio fin. En todo caso, debería ser un motor para vivir con la mayor intensidad y amor posible. Camus, en El mito de Sísifo, dice que la vida vale la pena precisamente por su intensidad, aunque sea absurda frente a la muerte.

 ¿Los cambios generacionales cambian los focos de atención en temas que antes podían parecer trascendentales o existe siempre una unión en ciertas problemáticas que nos desvelan?

Recién hablábamos sobre la muerte y la dificultad de aceptar un fin. Y ese es claramente un tema universal, atemporal. Ciertamente, los cambios generacionales influyen en los focos de atención, mutando lo que se considera trascendental en cada época, pero hay problemáticas universales que persisten y nos quitan el sueño a través del tiempo. Uno lee el núcleo de las grandes preguntas sobre la existencia que los griegos colocaron en escena en el nacimiento de la filosofía occidental hace 2600 años y resultan absolutamente contemporáneos. Las grandes preguntas siguen estando. Hay un fondo común que persiste más allá de que cada época tiene sus particulares urgencias y pone el acento en focos que en una época resultaban primarios y que hoy pueden ser secundarios (y viceversa).  Y también sucede, claro, que, aunque cada generación hereda preguntas, las reelabora con sus propios lenguajes y símbolos buscando sus propias respuestas, más allá de las trasmitidas por las generaciones anteriores.

¿Por qué crees que hoy existe una necesidad de inmediatez y de saltear etapas que antes no existía?

En buena parte se vincula con lo que decíamos anteriormente respecto de las características de nuestro siglo XXI, de nuestra sociedad del cansancio y de la inmediatez, de esa urgencia por obtener resultados rápidos y evitar procesos largos, lo cual contrasta con épocas pasadas, donde la paciencia y las etapas progresivas eran más valoradas. Esto es también una consecuencia del vértigo que ha impuesto la revolución tecnológica, el apuro de lo digital. Resulta sintomático, por ejemplo, que hoy todos reproducimos los audios que recibimos por aplicaciones de mensajería como Whtasapp al doble de velocidad y nos escuchamos como si fuésemos ardillas parlanchinas. Nuestra economía de la atención y la verificación de la información que recibimos, aspectos ambos que también habíamos señalado anteriormente, están totalmente afectados. La rapidez prevalece sobre la precisión y lo superficial por sobre lo profundo.

Claramente, requerimos de un elogio y una práctica de la lentitud, lo cual a estas alturas supone realmente una revolución cultural. Cuanto más rápido vivimos, menos vivenciamos, en tanto al saltear etapas nos privamos de la experiencia profunda, de la maduración lenta, de la construcción de sentido. Y la pregunta por el sentido sigue siendo la gran pregunta de la filosofía, por cierto.

Agradezco la posibilidad de la palabra y la profundidad de las preguntas. Realmente ha sido un placer y espero que el contenido del intercambio resulte de interés y nos habilite a seguir pensando juntos nuestro tiempo y el sentido de nuestras existencias. 


 

 

miércoles, 3 de enero de 2024

ENTREVISTA A IGNACIO SUAREZ

 

Es poeta, docente, productor y periodista, entre otras tantas cosas, ha marcado historia en los medios de comunicación uruguayos, llevando adelante éxitos en épocas donde había que tener talento y no likes o visitas; en esta oportunidad paso por Periodismo en tus Manos Ignacio “nacho” Suarez.


¿Cómo te diste cuenta de que tenías cierta capacidad creativa?

Cuando en la Escuela Ramírez de Rocha, se nos pidió escribir una redacción sobre un enorme pino que teníamos en el patio, y que había sido quemado por un rayo en una gran tormenta. Y a mí me salió en verso. Lo que no fue pasado por alto por el director que era poeta, Rosalío Pereira, quien reunió en el Salón de Actos, a todas las clases para que lo leyera, lo que, obviamente, embargado por la emoción, no pude hacerlo. Desde entonces, me motivó mucho para seguir escribiendo. Y la lectura de los grandes poetas…

¿Cómo logras relacionarte con el entorno artístico montevideano?

Fundamentalmente trabajando en la Secretaría de Relaciones Públicas de la Feria Nacional del Libro y Grabados, de la poeta y Gestora Cultural Nancy Bacelo, que todos los fines de año se realizaba en el Atrio aún sin terminar del Palacio Municipal. Luego, desde mis propios programas televisivos o radiales.

¿Qué rol ocupa en tu carrera artística Yamandu Palacios?

Yamandú integraba un grupo de amigos en los que estaban cantores, actores, poetas, artistas plásticos como Jonio Montiel, Manolo Lima, Salvador Puig, Alfredo Zitarrosa, Juan Capagorry, Juan Gentile, Iván Kmaid, los hermanos Puchet, Julio Guillot, Alberto Zapicán, etc.  Que, por lo general, nos reuníamos en el Taller del pintor Ángel “El Chino” Foong en la calle Minas. De allí surgió la idea de musicalizar poemas míos y nació el “Larga duración” o “ Long Play” – como decíamos entonces- “Poeta al sur” con gran empuje de Alfredo Zitarrosa y de Enrique Estrázulas, poeta, novelista y diplomático que, por entonces, oficiaba de Representante de Alfredo. Fue un hecho muy importante por aquellos tiempos y aún hay gente que lo recuerda…Hay, por la tanto, un antes y un después de la musicalización y el canto de mis textos por parte de Yamandú en ese histórico disco. 

¿Cómo podrías definir tu relación con Alfredo Zitarrosa?

… A toda esa barra nos unía, además, el amor por la poesía del peruano César Vallejo. Una muy fría noche conocí a Alfredo en un Vinería que Yamandú y Oscarito del Monte tenían en la parte de atrás de un viejo boliche en Tristán Narvaja y Cerro Largo, llamado “La Chimba”, como un conocido personaje radial de aquellos años. La vinería, de la época de “Las Telitas”, “Teluria”, “Altamar”, “La Sombrilla”,” ¡Los Cocuyos” se llamaba “La Cucaracha” …Imagínate cómo era! Alfredo cantaba canciones españolas… Desde esa noche Vallejo nos unió para siempre. La definición sería la de un hermano…

¿Qué comparativa podrías hacer de los medios de comunicación en aquella época con los de ahora?

No me canso de decir que provengo de una generación de profesionales hechos en el hacer, en la práctica, en el mismo trabajo…No teníamos Academias, pero nos daba mucha vergüenza no saber. Por eso, éramos quizá más rigurosos en la salida al aire o en las publicaciones y no nos perdonábamos los errores ajenos y, menos, los propios…

Quizá había más rigor profesional. Era más difícil integrar los cuadros profesionales, quizá porque la competencia era otra, o porque también había otro nivel de dirección, de coordinación y hasta en la corrección. Me parece increíble los errores, hasta gramaticales o de ortografía, que ahora dejan pasar. ya en los Diarios como en la Televisión, para hablar solamente de la forma y no de los contenidos que, en algunos casos, dan pena!

 ¿Crees que procesos sociales como las dictaduras fomentan más la creatividad que la democracia?

No creo que la fomenten, todo lo contrario. Pero, en épocas de censura, los creadores o los comunicadores buscan formas más sutiles y, en algunos casos más originales para la trasmisión de las ideas o de los hechos. Se le saca más punta al lápiz para escribir entrelíneas y el oído del oyente o el ojo del lector también se prepara para escuchar lo que no se dice directamente. Por eso se dieron, por ejemplo, en nuestro país, procesos como el del Movimiento del Canto Popular, de la Poesía o del Teatro…

¿Cómo podrías definir el momento social actual?

Estamos en una época de transición, de cambio, de transformaciones. De un avance impresionante de la tecnología comunicacional. De cambios de paradigmas y de grandes dudas. Como, por ejemplo, las que generan la llamada Inteligencia Artificial. Antes, en el Siglo pasado, era el hombre el que traía a la casa las noticas del mundo. Hoy son los nietos, que son quienes manejan la tecnología. Y ese cambio es sólo un ejemplo de las transformaciones culturales y sociales. El desarrollo de los Medios ha convertido a la gente en Mercado, en meros consumidores. Hoy transitamos por una cuerda floja entre Ser y Tener. Y la primera víctima es la paz interior, la felicidad humana…El consumo y los suicidios crecen día a día…

 ¿A que le escribís o que te motiva a la composición? 

La vida misma. Sus asombros, sus misterios. La búsqueda de la felicidad, La belleza, el amor, la soledad…

¿Todo tiempo pasado fue mejor?

No creo que todo tiempo pasado fue mejor. No hay mejor tiempo que el presente, que es lo único que tenemos. “Nuestra única moneda valedera” al decir del poeta Líber Falco. El ayer ya fue, el futuro vendrá, o no…Somos aquí y ahora.

¿Qué te resta por hace que ya no hayas hecho?

Me restaba esta nota… Por ello, muchas gracias           

viernes, 17 de febrero de 2023

ENTREVISTA A ANTONIO LADRA

Es periodista y escritor, Ha formado parte de medios de comunicación de relevancia tanto a nivel televisivo en programas como Código País y en la coordinación del noticiero Telemundo 12, o dentro del periodismo escrito donde tuvo la posibilidad de integrar grupos fundacionales de diferentes diarios, así como también ha sabido tener un vasto recorrido por distintas radios del Uruguay.

En esta oportunidad paso por Periodismo en tus Manos Antonio Ladra.

  

Es innegable que para distintos medios de comunicación la llegada de la inteligencia artificial puede ser de gran utilidad, si se utiliza con un buen fin, a pesar de ser bastante resistida, por aquellos que forman parte de la “vieja escuela” en cuanto a las “formas tradicionales” de comunicar. En esta oportunidad y tras proponerle a Antonio Ladra realizarle una entrevista, tuvo la genial idea de poder contrastar sus respuestas con las de ChatGPT, que es un prototipo de chatbot de inteligencia artificial que está muy de moda, en una especia de experimento que nos puede llegar a demostrar cuan cerca o lejos se encuentra el humano de la maquina a la hora de comparar un razonamiento frente al otro

¿Crees que existe una mayor demostración de ideologías dentro del periodismo en la actualidad que en tiempos pasados?

RESPUESTA DE CHATGPT: Sí, es posible que haya una mayor demostración de ideologías en el periodismo actual en comparación con tiempos pasados. Esto puede deberse a una serie de factores, como la fragmentación y la polarización de la sociedad, la disminución de la influencia de los medios tradicionales, y el aumento de la presencia de medios alternativos y fuentes de información en línea. En este contexto, los periodistas y los medios pueden ser más propensos a tomar posiciones más claras y a enfocarse en una audiencia específica con intereses y opiniones similares. Sin embargo, es importante señalar que también existen muchos periodistas y medios que siguen abogando por la objetividad y la imparcialidad, y que trabajan para ofrecer información precisa y veraz a todos los públicos.

 AL: No creo que haya una mayor exposición de las ideologías en los medios de comunicación. Lo que ha ocurrido es que ha cambiado el medio ambiente en que se mueve la sociedad y los medios. La aparición de las redes sociales y su influencia han hecho lo suyo. El diario El Día fue fundado por José Batlle y Ordoñez y de ahí su prédica a favor del partido Colorado y en contra del clero, por ejemplo. El diario El Popular fue un diario fundado por el partido Comunista y el diario El País por notorios ciudadanos blancos. Nunca ocultaron su posicionamiento ideológico. A fines de la dictadura surgieron muchos medios de oposición al régimen, pero no podían adjudicarse una orientación política porque estaba vedada la actividad político-partidaria, pero se sabía que Opinar estaba vinculado al partido Colorado, que la Democracia al partido Nacional, más específicamente al wilsonismo que era la mayoría entonces o que Aquí u Opción eran afines al Partido Demócrata Cristiano. El semanario Convicción tenía vínculos con organizaciones sindicales o la revista La Plaza era abiertamente antidictatorial, dirigida por Felisberto Carámbula del partido Colorado y donde actuaban sus hijos Marcos y Gonzalo Carámbula, vinculados a la izquierda. No tenía vinculación partidaria específica, pero allí se les daba cabida a columnistas de todas las posturas ideológicas.

Al contrario de lo que dice el CHATGPT no creo en la objetividad; esta no existe. Lo que hay son puntos de vista. Un ejemplo que habitualmente ponía cuando daba clases de periodismo era: supongamos que en 18 de Julio y Río Negro hay un accidente entre dos autos. ¿Ve lo mismo quien está parado sobre la acera sur de 18 de Julio, que el que está sobre la acera oeste de Río Negro? No, ¿verdad? Lo único objetivo es el accidente, porque allí quedan los restos de los dos autos, después cada uno tiene un punto de vista diferente para relatar el accidente. Por eso es importante tener todas las campanas de un hecho. Relevar un hecho con tres fuentes para acercarse a la verdad, que es lo que busca el periodismo.

¿Cuál crees que es la receta para comunicar o informar sin incidir en la manera de pensar en quien recibe el mensaje? O ¿se podría decir que este no es el cometido de los medios de comunicación?

RESPUESTA DE CHATGPT: Es difícil decir que existe una única receta para comunicar o informar sin influir en la opinión de quien recibe el mensaje. Sin embargo, algunas prácticas que pueden ayudar a reducir la influencia incluyen:

Ser objetivo y evitar tomar partido.

Verificar y contrastar información antes de publicarla.

Presentar diferentes perspectivas y puntos de vista sobre un tema.

Ser transparente sobre la fuente de información y su potencial sesgo.

Es importante tener en cuenta que, en cierto grado, siempre habrá una cierta influencia en la forma en que la información es presentada y recibida. El objetivo debería ser minimizar esta influencia y proporcionar información precisa y equilibrada para permitir a los receptores del mensaje formar su propia opinión.

En cuanto al cometido de los medios de comunicación, es importante tener en cuenta que puede variar dependiendo del medio en cuestión. Algunos medios pueden tener como objetivo principal informar sin influir en la opinión de los receptores, mientras que otros pueden tener una agenda más clara y ser más tendenciosos en su enfoque.

AL: De verdad, ¿debemos buscar una receta para no influir? Siempre se va a influir en el receptor, es imposible que eso no ocurra. Lo que no debemos hacer es mentir a sabiendas, errores podemos cometer todos, pero la verdad es nuestro norte como periodista.

Teniendo en cuenta que necesariamente se va a influir en el receptor ¿crees que el comunicador tiene el poder de transformar la mirada sobre la realidad de la gente? Efectuando este acto totalmente a conciencia ¿o este tipo de agendas las marcan los medios de comunicación?

AL: Cuando digo que siempre va a influir en el lector/espectador/ciudadano, no quiero decir que este vaya a decidir o a actuar en función de lo que les dice, ya sea el periodista o el medio.

Un ejemplo claro: en 1980, en plena dictadura, los militares llamaron a un plebiscito para institucionalizar su presencia en la vida política nacional. Había una férrea censura. Casi no había medios opositores, salvo contadas excepciones como el semanario Opinar, la revista La Plaza, algunos editoriales con firma en el diario El Día, la prédica de Germán Araújo en CX 30 La Radio y unos pocos actos, en locales cerrados, varios de los cuales terminaron con los oradores presos o proscritos y los asistentes reprimidos violentamente.

Hubo un recordado debate en canal 4 entre dos defensores del NO a la reforma y dos del SI que era la opción que impulsaba la dictadura.

La publicidad en la radio y TV era exclusivamente a favor del SI.

Sin embargo, ganó el NO.

¿Te sentís más cómodo a través del periodismo y la comunicación tradicional o dentro del mundo de la escritura?

En mi caso una cosa es casi una continuación de la otra, un apéndice. Me formé en el mundo del periodismo escrito. He incursionado en la radio y la televisión, pero el periodismo escrito es donde me siento más cómodo y escribir un libro de investigación sobre un tema, el narcotráfico en Uruguay, como he hecho yo, ha sido una expansión orgánica de mi trabajo periodístico.

¿Crees que a través de los diferentes medios sabemos todo lo que pasa o ellos marcan la agenda de lo que necesitamos saber?

RESPUESTA DE CHATGPT: Los medios de comunicación tienen un papel importante en la formación de la opinión pública y en la determinación de lo que se considera "noticiable" o digno de ser informado. Sin embargo, no es posible afirmar que a través de ellos sepamos todo lo que sucede. La selección de los temas a cubrir, la forma en que se presentan y la cantidad de información proporcionada pueden estar influenciados por una serie de factores, incluyendo la agenda política, las relaciones publicitarias y los intereses empresariales. Por lo tanto, es importante tener una fuente diversa de información y hacer un esfuerzo consciente por obtener una visión completa y precisa de los acontecimientos.

AL: Aquí estoy de acuerdo con lo que dice la INTELIGENCIA ARTIFICIAL.

¿Cuál es en tu caso el proceso para que pueda ver la luz el proyecto de un libro?

 Una vez definido el tema a llevar al libro, debo investigar más allá de lo que incluso hice para una nota periodística. La extensión me permite ser más preciso y por supuesto contextualizar de mejor manera el tema. Después hay que convencer a los editores, pero ese es otro trabajo más complicado, porque ellos deben ver en lo que se les presenta un interés mayor, para un público diferente y quizás más amplio.

¿Qué importancia crees que la gente le da en la actualidad a la política?

RESPUESTA DE CHATGPT: La importancia que la gente le da a la política varía ampliamente y está influenciada por muchos factores, como la ubicación geográfica, la edad, la educación y la experiencia personal. En general, creo que en la actualidad la política sigue siendo un tema importante para muchas personas, ya que afecta su vida cotidiana de diversas maneras y es un medio para lograr cambios significativos en la sociedad. Sin embargo, también hay un segmento de la población que se siente desencantado o desengañado por la política, y por lo tanto le da una importancia menor.

AL: La política influye en nuestras vidas y entiendo que la gente le da importancia, aunque no tanto como creemos tanto los periodistas como los actores políticos. Está claro que conforme nos acercamos, por ejemplo, a las elecciones, el tema cobra volumen, pero en general son asuntos que muchas veces la gente los ve ajemos. Llaman la atención sí los casos de corrupción que puedan surgir, pero no los aspectos referidos a la gestión de la política en sí. Uruguay de todos modos es un país de los más politizados del continente, con un sistema político más o menos robusto.

¿Hacia dónde crees que van los cambios dentro de las nuevas generaciones que forman parte de los medios?

RESPUESTA DE CHATGPT: Las tendencias actuales sugieren que las nuevas generaciones están demandando una mayor personalización, accesibilidad y conectividad en sus medios y tecnologías. Esto se refleja en un aumento en el uso de aplicaciones y plataformas en línea, así como en una mayor interacción con los contenidos a través de dispositivos móviles. Además, también hay una creciente demanda de contenido generado por usuarios y una mayor diversidad de voces y perspectivas en los medios.

AL: Si hablamos de quienes forman parte de las nuevas generaciones que trabajan en los medios, advierto en algunos casos una actitud de buscar todo en las redes y no en la vida misma. No se hace periodismo de investigación googleando o acudiendo como ahora a la Inteligencia Artificial, sino preguntando, caminando, observando lo que pasa en la calle. Para acercarnos a la gente debemos estar con la gente.

¿Crees que el hecho de utilizar herramientas como Google o redes sociales en forma casi que exclusiva al servicio del Periodismo banaliza al oficio?

AL: Google y las redes sociales son herramientas válidas, pero no deben ser las exclusivas, únicas para hacer periodismo.

Yo no diría banalizando el periodismo diría más bien rebajando la calidad y el contenido si solo se usa Google y las redes sociales.

Está claro que con la llegada de internet cambió el paradigma del periodismo. Ahora se accede a la información al instante, las 24 horas del día todo el año. Esta inmediatez hace que se esté buscando clics y a veces no se contrasta la información como se debe. Lo que ha llevado a que falten historias, crónicas a fondo, el contar la otra cara de…

En los informativos de televisión se abusa de los bustos parlantes, el declaracionismo: esto es un señor que habla de lo que se le requiere y yo prefiero investigar por mi cuenta y sacar mis propias conclusiones, presentar mis dudas al lector o al televidente antes de que sea alguien involucrado y con claro interés que me lo cuente.

¿Cuánto tiempo crees que le queda de vida a la televisión y la radio tal como las conocimos en la década de los 90? Entendiendo que aun en Uruguay se sigue utilizando ese modelo que en otras partes está quedando obsoleto

RESPUESTA DE CHATGPT: Es difícil decir con certeza cuánto tiempo queda para que la televisión y la radio tradicional desaparezcan, pero es indudable que están evolucionando con el tiempo. La popularidad de las plataformas de streaming y la creciente demanda de contenido en línea están cambiando la forma en que las personas consumen medios. Aun así, la televisión y la radio siguen siendo relevantes y siguen siendo una parte importante de la cultura y la sociedad, por lo que probablemente no desaparecerán completamente. En su lugar, es probable que evolucionen y se adapten a los cambios en la tecnología y los hábitos de consumo de los medios.

AL: De acuerdo con la INTELIGENCIA ARTIFICIAL, pero agregaría que la partida de defunción de la radio y la TV se dio muchas veces y ahí siguen. Es responsabilidad de los trabajadores, pero más que nada de los empresarios (aunque no soy tan optimista porque ellos quieren hacer dinero, solamente) de los medios aggiornarlos darles herramientas a los periodistas, pero también hay responsabilidades en los estados que deben velar por la sustentabilidad de los medios y la heterogeneidad de estos, evitando concentraciones en pocas manos porque afecta la diversidad. Fortalecer los medios públicos es un debe de nuestros gobernantes que no han entendido que significa medios públicos; en general creen que son sus medios.

¿Qué opinión tenés de los noticieros de televisión abierta en la actualidad?

Mala, no hay noticias son meros levantadores de noticias de otros medios u otros programas con los que se retroalimentan. Son largos, pesados, reiterativos. El 90 por ciento de lo que se ve en el informativo que empieza a las 19 horas y termina a las 21 es viejo. Ya lo leí en los portales, en las redes o son noticias de otros medios en general escritos, que son reproducidos con una plancha de imágenes. Lo único nuevo que veo en los noticieros de televisión que está ocurriendo es ese 10 por ciento y poco más. Pregunto a los lectores: ¿qué investigación periodística que se haya emitido en los noticieros se recuerdan? Pocas, muy pocas.

¿Qué opinión tenés de la actualidad a nivel social?

En Argentina se le llama “la grieta”. Es una expresión que fue acuñada para definir la división social, pero sobre todo política, que generaron los 12 años de kirchnerismo. Aquí, en Uruguay, hablamos y observamos lo que ocurre en la política y en la sociedad argentina con el lente de la distancia, de lo ajeno.

Presumimos que somos diferentes, más civilizados pero muchos uruguayos, los que se ven enfrentados a la inseguridad que hoy se vive en el país no pueden hablar de ser diferente. La grieta uruguaya es social. Por ejemplo, una vez fui a un asentamiento en Carrasco Norte, sobre la calle Acosta y Lara.

“La mayoría de los vecinos piensan que, por el hecho de vivir acá, los de allá nos miran mal. No es así, en realidad” y agregó “lo mismo que los vecinos de acá miramos mal a los de allá”, me dijo una vecina.

Los vecinos de acá y de allá. Físicamente es una calle lo que los separa. Los de acá son los pobres, los pichis, los de allá son los ricos, los chetos.

Esto pasa en Montevideo, a 30 minutos de la Torre Ejecutiva, la sede del gobierno y más o menos a la misma distancia del Palacio Legislativo, la sede del Parlamento, donde están los representantes elegidos por el pueblo.

Y esto, que se vive en la vida real, se multiplica en las redes sociales donde todos podemos escribir lo que queremos, sin freno alguno. Hay un tironeo por los muertos durante los pasados gobiernos del Frente Amplio y lo que pasa ahora.

La gente está preocupada por la inseguridad, lo dicen las encuestas, lo dice la calle, pero el sistema político opta por hablar de otra cosa. Optó por adjudicar intencionalidad a diestra siniestra.

El sistema político, de espaldas a la realidad lo que hace es forjar esa grieta la que divide a los uruguayos con trazo grueso, entre supuestos buenos y presuntos malos, entre compañeros y golpistas. Es la grieta uruguaya para parecernos a Argentina.

Si se dice que se está de acuerdo con el presidente Luis Lacalle Pou se es tildado de facho, pero si se cuestiona al gobierno por ejemplo el caso Astesiano o el caso Marset se lo tilda de zurdo-comunista, o foca frenteamplista.

En definitiva, los frenteamplistas y los multicolores hoy distanciados, se volverán a hablar.

Pero la grieta social, la de los de allá y los de acá como ocurre en Carrasco Norte persiste y se profundiza.

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