“No se trata solamente de preguntar y responder.
Se trata de conversar para comprender”

jueves, 21 de agosto de 2025

ENTREVISTA A PABLO ROMERO GARCÍA

 

Es docente de filosofía egresado del Instituto de Profesores Artigas, con un posgrado como especialista en política y gestión de la educación, publico un libro llamado “Sobre el sentido de educar” y además ha buscado trascender el aula en un proyecto televisivo de TV Ciudad en el que a través de pequeñas intervenciones, explicaba los temas centrales de la serie catalana Merlí, esto también lo ha catapultado a poder generar mayor presencia en los medios y con eso lograr exponer diferentes temáticas de interés filosófico que pueden llegar a contribuir a lograr una sociedad mejor. En esta oportunidad paso por Periodismo en tus Manos Pablo Romero García.

¿Está de moda la filosofía?

Hay señales contradictorias: por un lado, tenemos recortes de horas y de contenidos programáticos de Filosofía en muchos lugares del mundo a nivel de estudios secundarios y universitarios, lo cual ha sucedido también en Uruguay, por cierto, con la reforma educativa en curso. Estos recortes se han dado en detrimento de abordajes considerados “pragmáticos”, asociados meramente al mercado laboral o a las ciencias económicas, que consideran a la filosofía como una tarea inútil o de menor importancia en la formación del individuo. Un síntoma de esto es que en el inicio de nuestro bachillerato se hayan colocado horas de un emprendedurismo y quitado de Filosofía. Al respecto, vale la pena leer el planteo de Martha Nussbaum en su obra Sin fines de lucro: por qué la democracia necesita de las humanidades. Por otro lado, hay un renovado interés por la filosofía a partir de producciones audiovisuales y debates contemporáneos que alcanzan a buena parte de la población. Por ejemplo, fenómenos masivos como la serie catalana Merlí o incluso canales de YouTube que están generando contenidos de reflexión filosófica para una audiencia sobre todo juvenil, debates éticos sobre el uso de las nuevas tecnologías y sobre el modo de vida que llevamos en tiempos de la llamada sociedad del cansancio - como bien lo plantea Han, uno de los filósofos actuales más interesantes-, demuestran un renovado interés por el abordaje filosófico de nuestros problemas existenciales, tanto a nivel individual como colectivo.

A pesar de los recortes de horas a nivel de su presencia académica, bien vale la pena resaltar que la matriculación en estudios formales de Filosofía ha venido en aumento, lo cual es otro síntoma muy bueno respecto de ese actual interés. Falta, claro, la comprensión de su importancia desde quienes construyen políticas públicas a nivel educativo. En lugar de reforzar la presencia de la filosofía a nivel curricular (debería estar presente desde primaria, trabajándose en la línea de la filosofía con niños, que tiene una larga tradición de desarrollo) se ha venido cercenando de manera incomprensible. A ese nivel, el pragmatismo miope de algunos diría que nos está cegando a todos.

¿Qué lugar crees que le damos a los cuestionamientos de tipo existencialistas teniendo en cuenta el ritmo de vida del siglo XXI?

Recién refería al filósofo surcoreano Byung-Chul Han y bien vale traerlo a escena para responder esta cuestión. En La sociedad del cansancio, escrita en 2010, Han señala que ya no estamos dominados por un poder represivo que nos controla sino por una auto explotación, basada en una sensación falsa de libertad. No hay un “otro” que oprime, que nos vigila y castiga, como señalaba Foucault en su lectura de nuestra sociedad moderna panóptica, sino que cada uno se presiona a sí mismo desde el mandato interiorizado de rendir, producir, consumir, optimizarse permanentemente y sin pausa. Justamente, ese vivir el tiempo sin pausa, esa aceleración contemporánea, destruye la capacidad contemplativa y genera situaciones de burnout, depresión y ansiedad. En lugar de enfrentarnos al vacío y al sentido de la existencia, de preguntarnos por el para qué de nuestra existencia, nos mantenemos ocupados en un hacer compulsivo que anestesia las preguntas profundas. Vivimos, plantea Han y creo que tiene absoluta razón al respecto, en un presente fragmentado, donde lo inmediato se impone sobre cualquier reflexión. Y es por este mismo panorama que nos presenta el ritmo de vida del siglo XXI -el cual parece sofocar las preguntas existenciales- que resulta cada vez más importante el abordaje filosófico de nuestra existencia, el priorizar la pausa reflexiva, la necesaria soledad contemplativa donde nos podamos pensar a uno mismo y a la sociedad que habitamos.

En este siglo XXI marcado por el ritmo acelerado de la vida, con su enfoque en la productividad, la tecnología y la inmediatez, donde la sensación de lo "absurdo", del sinsentido y la angustia están muy presentes, es clave retomar y amplificar las grandes preguntas sobre nuestra existencia y su sentido, sobre el por qué y el para qué de nuestras vidas y del rumbo de nuestras sociedades.

¿Las nuevas generaciones buscan ser más críticas o prefieren el contenido digerido?  ¿Cómo entiendes que deberíamos de replantearnos las nuevas formas de aprender en momentos donde el conocimiento está al alcance de un clic?

Construir pensamiento crítico en las nuevas generaciones es un desafío permanente, que los educadores vivimos a diario en nuestras aulas. Lo ha sido probablemente en todo momento, aunque lo es particularmente en estos años. La tendencia a lo digerido, reforzada por el uso de las nuevas tecnologías, es todo un problema. Ciertamente, el conocimiento está al alcance de un clic, pero no su debido apropiamiento crítico. Allí tenemos que diferenciar bien el asunto. Como nunca en la historia de la humanidad tenemos acceso a la información, pero sigue siendo clave el modo en que nos relacionamos con esa información, en cómo la comprendemos, en cómo nos apropiamos en términos intelectuales del proceso. Saber discernir sobre lo realmente valioso, saber discriminar la calidad de los contenidos, saber navegar en ese mar de la información es el punto central del desafío que nos propone esta sociedad del conocimiento del siglo XXI. Prácticamente todos podemos acceder al conocimiento a partir de un clic, pero eso no significa que realmente estemos accediendo a un proceso cognitivo deseable, complejo, particularmente en tiempos de contenidos que se presentan de manera breve para un público que parece estar deseando la facilidad de lo digerido.

Hace pocos días un colega del campo educativo me compartió un artículo que tiene un atractivo título: Parménides en Tiktok: cómo aprenden filosofía los más jóvenes, publicado en El País de España. Vale la pena leerlo y más allá de su contenido puntual, ya el título dispara algunas reflexiones que quisiera compartir para seguir pensando juntos.

En primera instancia, diría que el asunto es un tanto complicado: por un lado, tales formatos pueden acercar ciertamente a temas filosóficos y generar el vital interés por contenidos culturales complejos, o sea, ser inicialmente un buen “gancho” formativo dado los modos de consumir productos audiovisuales por parte de los más jóvenes (y no tanto, agregaría). Yo mismo viví esa experiencia positiva con los videoclips breves que realicé sobre cada uno de los capítulos de las tres temporadas de la serie catalana “Merlí”, los cuales obtuvieron una respuesta muy alta de interés y niveles de reproducción realmente muy buenos. Pero, por otro lado, su formato similar al de los reels y shorts, que es el habitual en TikTok, YouTube y redes similares, también está transformado radicalmente la economía de la atención. Y no sin ciertas consecuencias cognitivas y culturales.

Por ejemplo, percibo que están comenzando a afectar la (ya afectada) capacidad de atención.

Generan una especie de fragmentación cognitiva, en donde el consumo repetido de contenido breve y muy excitante del sistema nervioso central termina por entrenar al sujeto en la búsqueda de estímulos rápidos y muy cambiantes. Y esto claramente dificulta la tarea de focalizar, la capacidad de concentración. Y así aleja al individuo del ejercicio del pensamiento profundo y sostenido en el tiempo, base de la formación educativa sólida que, en definitiva, construye un diferencial en la igualdad de oportunidades.

Leer textos largos, escuchar entrevistas de varios minutos o ver documentales de largo aliento, por ejemplo, exigen un esfuerzo cognitivo que, en cierto modo, los reels y shorts nos acostumbran a evitar.

A su vez, también encuentro que fomentan la reducción de tolerancia al aburrimiento. El gran flagelo de la cada vez más habitual frase de “estoy aburrido”. La hiperestimulación constante reduce nuestra capacidad para lidiar con momentos de baja intensidad, que son esenciales para la reflexión y el aprendizaje. La pérdida de la pausa reflexiva larga es parte del problema que enfrentamos desde hace mucho tiempo y que se ha agravado en los últimos años. Hoy día parece casi utópico pensar, por ejemplo, que un estudiante de bachillerato pueda leer de una clase para otra un repartido de 4 o 5 carillas. Bien sabemos los docentes que esa es la realidad general (siempre hay notables excepciones, claro) que atraviesa nuestras aulas. Sin embargo, esos mismos estudiantes pueden pasar horas consumiendo reels unos tras otros, con diversos temas y todos de muy breve duración. Se gastan el dedo haciéndolos correr por las pantallas de sus celulares. La atención está totalmente fragmentada y la tensión teórica sobre un tema puntual en clase difícilmente pueda luego superar los 10 o 15 minutos, más allá de los denodados esfuerzos de los docentes por intentar ser un “corto” divertido, dinámico y atractivo. Y, claro, se nos acusa de ser el problema, por ser aburridos.

Es un tema importante para pensarnos con relación a los actuales desafíos educativos. Son formatos que logran conectar con los nuevos modos de consumir contenidos y con el uso adictivo de las pantallas móviles, pero parecen tener un alto costo en la afectación cognitiva y cultural de largo plazo.

En todo caso, habrá que buscar equilibrios y utilizar del mejor modo posible tales recursos, quizás teniendo muy presente que deben ser puertas de entradas y no simplemente de llegadas. La pereza intelectual podría ser un nuevo pecado capital en tiempos que invitan al pensamiento corto.

 ¿Cuánto de filosofía crees que existe en la política y cuanto de política crees que existe en la filosofía? (pensando en Sócrates por ejemplo que perfectamente podría ser un político de la actualidad)

En su sentido más profundo, son espacios imposibles de disociar, más allá de que las prácticas políticas partidarias y las prácticas de nuestros políticos de actualidad, distan mucho de cualquier praxis filosófica. El ejercicio de la política actual, de la arena de la política representativa, está muy mediada por el marketing y por la comunicación estratégica con relación a la captación del voto, y se ha ido desplazando lo filosófico, al punto tal que tales planteos se vuelven incómodos e indeseables. Pero, claro, inevitablemente está presente en cada decisión que se toma y en cada discurso que se coloca en la escena pública. No cabe duda de que Sócrates no sería hoy en día un parlamentario y se dedicaría a hacerse un festín con las permanentes contradicciones de nuestros políticos, por lo cual sería probablemente “cancelado” y considerado tan peligroso para el orden establecido como lo fue en su tiempo, en la antigua Atenas. Y su accionar nos recodaría algo fundamental: la política mayor claramente tiene mucho de filosofía y la filosofía siempre supone una práctica política.  Ni la política ni la filosofía son neutras. Implican siempre un tomar posición respecto de la sociedad, de una concepción de lo justo, de lo deseable, del rol del poder y su incidencia en la construcción de una sociedad con mayor igualdad de oportunidades.

En tiempos de fake news ¿qué valor crees que le damos a la verdad? ¿Cada vez aplica más aquello de que existen tantas verdades como personas haya? Ante esta situación ¿La mentira pierde valor o está más presente de lo que creemos y no nos damos cuenta?

Sin lugar a duda, este es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. En mi libro Sobre el sentido de educar abordo esta cuestión en particular relacionándola con el rol contemporáneo de la filosofía. Claramente, el concepto de verdad está en jaque en tiempos de las llamadas fake news, pues ya no es central esgrimir la verdad en términos públicos, sino que lo que se valida y se vuelve legítimo en última instancia es la capacidad de persuadir, de convencer, de hacer viral un discurso o una acusación, aunque sea mentira, priorizando que sea capaz de emocionar, de generar adhesión en el público, sobre todo hacia la trinchera ideológica a la cual está dirigida, y ser replicada así lo más posible.

Y en alguna medida esto ha tenido que ver con haber llevado al extremo posiciones filosóficas relativistas. El planteo posmoderno que sostiene, en definitiva, la idea de que la verdad es siempre relativa, de que cada sujeto tiene su propia “verdad” ha terminado por convertirse en un fetiche que trajo consigo el problema de que, si todo es verdad, ya nada lo es. Y en esa perspectiva se rompen los puentes posibles de todo dialogo y la propia filosofía se vuelve una tarea inútil. Cada uno vive en su propia burbuja de la verdad, siempre subjetiva y sin posibilidades siquiera de alcanzar modos de la intersubjetividad. Y el caldo de cultivo que se genera, claro, es perfecto para este mundo de las fakes news.

En este contexto, es importante retomar la idea de que aunque no exista en el campo social algo así como la verdad absoluta, indiscutible, axiomática (sí en las ciencias exactas, claro, pero ahí ya es otro el asunto) sí tenemos verdades siempre provisorias donde una son más relevantes que otras y en donde debemos tener en cuenta, como planteaba Habermas, que la verdad no se define por el individuo aislado sino que se construye en procesos de comunicación donde constantemente debemos someter a prueba lo afirmado. Y esto no está sucediendo, pues justamente en la era de las fake news la mentira no se presenta ya como una accionar totalmente consciente, sino como la naturalizada como “justa” o conveniente defensa de “mi versión” de los hechos. O sea, diría que la mentira no perdió valor, sino que ganó “eficacia”: ahora es rentable, produce votos, clics, consumo y adhesión emocional. Podría decirse que vivimos en una época en que la mentira se volvió más peligrosa, en todo caso, porque ya no se reconoce como tal. Se ha vuelto parte del ecosistema comunicativo, y esa naturalización es quizá más grave que la mentira misma. Sin lugar a duda, tenemos un grave problema allí. Y la filosofía tiene un desafío central en intentar volver a poner al concepto de verdad en la centralidad del discurso público y de nuestros actos comunicativos cotidianos. Se ha vuelto una cuestión ética de primer orden.

¿Por qué crees que a la humanidad le cuesta tanto entender y aceptar que esto a lo que llamamos vida, tiene un fin? ¿Tiene que ver con el desarrollo en la capacidad de “amar y sentir”?

Es parte de la condición humana el deseo de trascendentalidad. La dificultad para aceptar el fin, para asumir nuestra finitud ha sido, es y seguirá siendo parte de nuestra humanidad, de nuestra capacidad de reflexión sobre lo que la vida significa (aquello que señalaba Heidegger respecto de que somos un ser para la muerte y que tomar conciencia de tal cuestión genera inevitablemente angustia…aunque, bien vale decirlo, también genera -o debería hacerlo- una claridad existencial respecto del saber qué y cómo vivir) y también porque es algo natural en cualquier ser vivo el instinto de sobrevivir. Y, claro, la idea de un final absoluto choca de frente con ese instinto primario. Y aparece la negación y con ella muchas ideas respecto de las posibilidades de supervivencia más allá de esta vida física. La historia de la humanidad está tejida también por la construcción cultural de la inmortalidad, particularmente desde la perspectiva religiosa, aunque no únicamente. Nuestra capacidad de reflexionar sobre el futuro nos hace únicos dentro del reino animal, pero también nos condena, por ejemplo, a anticipar nuestra propia muerte, a pensar en nuestro fin. En la Apología de Platón, Sócrates reflexiona sobre la muerte y nos dice que debemos abordarla con serenidad, que no es algo que debería generarnos miedo sino, en todo caso, un misterio a aceptar. Ciertamente, esto no es algo fácil y habitual. Necesitamos de algún modo buscar sobrevivir. Y nuestra capacidad de amar y sentir es un motor para esa búsqueda. Hay un apego a la vida. La capacidad de amar, que involucra a personas, a proyectos, situaciones, etc, construye vínculos emocionales que hacen que la idea de perderlos sea realmente insoportable. La muerte no solo amenaza nuestra existencia, sino también todo aquello que le da sentido a nuestra vida, que construye las conexiones emocionales que nos sostienen. En algún punto, la muerte incluso puede sentirse como una especie de traición, como un abandono, respecto de esos vínculos emocionales.

Este sin dudas, es un asunto que de un modo u otro tememos enfrentar. En mi caso, creo que el mayor miedo es el de la posibilidad de la muerte de aquellos que amamos más que lo que me genera pensar en mi propio fin. En todo caso, debería ser un motor para vivir con la mayor intensidad y amor posible. Camus, en El mito de Sísifo, dice que la vida vale la pena precisamente por su intensidad, aunque sea absurda frente a la muerte.

 ¿Los cambios generacionales cambian los focos de atención en temas que antes podían parecer trascendentales o existe siempre una unión en ciertas problemáticas que nos desvelan?

Recién hablábamos sobre la muerte y la dificultad de aceptar un fin. Y ese es claramente un tema universal, atemporal. Ciertamente, los cambios generacionales influyen en los focos de atención, mutando lo que se considera trascendental en cada época, pero hay problemáticas universales que persisten y nos quitan el sueño a través del tiempo. Uno lee el núcleo de las grandes preguntas sobre la existencia que los griegos colocaron en escena en el nacimiento de la filosofía occidental hace 2600 años y resultan absolutamente contemporáneos. Las grandes preguntas siguen estando. Hay un fondo común que persiste más allá de que cada época tiene sus particulares urgencias y pone el acento en focos que en una época resultaban primarios y que hoy pueden ser secundarios (y viceversa).  Y también sucede, claro, que, aunque cada generación hereda preguntas, las reelabora con sus propios lenguajes y símbolos buscando sus propias respuestas, más allá de las trasmitidas por las generaciones anteriores.

¿Por qué crees que hoy existe una necesidad de inmediatez y de saltear etapas que antes no existía?

En buena parte se vincula con lo que decíamos anteriormente respecto de las características de nuestro siglo XXI, de nuestra sociedad del cansancio y de la inmediatez, de esa urgencia por obtener resultados rápidos y evitar procesos largos, lo cual contrasta con épocas pasadas, donde la paciencia y las etapas progresivas eran más valoradas. Esto es también una consecuencia del vértigo que ha impuesto la revolución tecnológica, el apuro de lo digital. Resulta sintomático, por ejemplo, que hoy todos reproducimos los audios que recibimos por aplicaciones de mensajería como Whtasapp al doble de velocidad y nos escuchamos como si fuésemos ardillas parlanchinas. Nuestra economía de la atención y la verificación de la información que recibimos, aspectos ambos que también habíamos señalado anteriormente, están totalmente afectados. La rapidez prevalece sobre la precisión y lo superficial por sobre lo profundo.

Claramente, requerimos de un elogio y una práctica de la lentitud, lo cual a estas alturas supone realmente una revolución cultural. Cuanto más rápido vivimos, menos vivenciamos, en tanto al saltear etapas nos privamos de la experiencia profunda, de la maduración lenta, de la construcción de sentido. Y la pregunta por el sentido sigue siendo la gran pregunta de la filosofía, por cierto.

Agradezco la posibilidad de la palabra y la profundidad de las preguntas. Realmente ha sido un placer y espero que el contenido del intercambio resulte de interés y nos habilite a seguir pensando juntos nuestro tiempo y el sentido de nuestras existencias. 


 

 

martes, 24 de septiembre de 2024

ENTREVISTA A EDUARDO LIMA

 

Es una de las voces más reconocidas de la radiodifusión nacional, supo compartir las mañanas de Galaxia FM por más de treinta años, además de haber estado en diferentes medios del interior, actualmente mantiene viva la llama de su amor por la radio en FM Hipocampo con un programa semanal. En esta oportunidad paso por Periodismo en tus Manos Eduardo Lima.


 
¿Cómo comenzas en el mundo de la comunicación?

Mi amor por la comunicación comienza desde muy chico, cuando veía aquellos aparatos de radio, que eran enormes, yo tengo 75 años, es decir que por aquellas épocas estos artefactos eran gigantes y para mí, era algo mágico que de esa caja se desprendieran sonidos música, palabras y me atrapaban de una manera tremenda…

En mi casa era casi imposible tener un aparato de radio y que funcionara de manera correcta, por aquellas épocas estábamos a una cuadra de una estación de UTE y la generación de energía interfería con las ondas de la radiofrecuencia; a pesar de esto cuando iba de visita a la casa de mi abuela, ahí si podía escuchar, mientras acompañaba sus labores cotidianas, en la radio se sucedían novelas, programas cómicos, etc. Yo en vez de salir a jugar me quedaba quietito sin moverme y escuchaba todo aquello, a mí me parecía que estaba realmente metido en ese mundo, por eso podríamos decir que mi amor por la radio comienza desde muy pequeño y que me fue atrapando de una manera increíble. Mas adelante me vine para Montevideo y pude disfrutar de programas como La suegra con Cristina Moran, que era un programa cómico o Los Paredes que traba de las vicisitudes de una familia clase media uruguaya, siempre desde el ángulo del humor…

A pesar de que pasaron los años yo siempre seguí enamorado de la radio, los programas fueron cambiando y desaparecieron los radio teatros, varias radios cambiaron su formato y aparecieron los programas musicales como La cinta de oro, yo me sentía parte escuchándolos y tenía ese sueño de imaginar cómo me gustaría estar ahí, con el paso de los años me fui sumergiendo en ese mundo maravilloso.

Por razones de estudio tuve que volver a Melo donde tenía mis discos, sobre todo de música brasilera que era la que más me atrapaba. Un buen día agarre todo mi material y sin mucho pensarlo me presente en La Voz de Melo y hable con el director para poder hacer un programa. Ahí tuve mi primer oportunidad para hacer radio, lo marco un gran aprendizaje para mi.

¿Qué significo Galaxia FM en tu vida?

En un momento de mi vida yo me voy a vivir a Rocha a desempeñar tareas que poco tenían que ver con la radio, a pesar de eso yo seguía enamorado de este medio por lo que un día me presente en CW 37 Difusora Rochense a hablar con el director para proponerle hacer un programa de música brasilera, obviamente no se repitió lo de la Voz de Melo, mi programa no iba todos los días, pero a pesar de eso tenía muy buena repercusión, no estaba enfocado en pasar música comercial, sino que por el desfilaban distintos estilos como la Bossa Nova, el Jazz o la Música Popular Brasilera, yo desde siempre tuve mucho contacto con el Brasil por lo que dominaba bastante el tema…

Pasado el tiempo me vengo a vivir a Montevideo a trabajar y vivir con mi familia y a los pocos días me llama un amigo para consultarme si estaba trabajando en radio. Obviamente el hecho de poder hacerlo en la capital me parecía algo que estaba bastante lejos de mi alcance, el me insistió con que grabara un demo para presentarlo en Galaxia FM ya que tenía contactos para poderle hacer llegar mi material a la dirección, a pesar de esto y de su entusiasmo, paso un año y toda esta situación quedo en la nada.

Un año después recibo una llamada desde la emisora en donde me comentan que estuvieron escuchando mi cassette y que no sabían porque motivo había quedado guardado en un cajón, pero que les interesaría que yo los visitara para poder charlar un poco. Tras la reunión me pidieron que me presentara al otro día a las siete de la mañana para conducir un programa de canto popular, obviamente yo no podría creer todo lo que estaba pasando. El problema para mi radicaba en que realmente no sabía nada de canto popular ya que no era un género al cual le prestara atención alguna. Por suerte todo se fue dando naturalmente ya que la gente me iba pidiendo los temas que querían escuchar, así como yo me empecé a informar sobre el canto popular y los diferentes artistas, los teléfonos no paraban de sonar y durante treinta y cinco años el programa tuvo una gran respuesta por parte de los oyentes

¿Cómo y porque Sello Latino se convierte en un programa de referencia en las mañanas uruguayas?

Sello Latino, era el nombre de un espacio, no tenía un conductor, tenía la presentación, el cierre y nada más, pero no había un conductor que interactuara con la audiencia y le aportara contenido al programa. Cuando a mí me ponen en ese puesto yo comienzo a hacer todo esto y además a aportar diferentes temáticas al programa que no tuvieran que ver con lo estrictamente musical. Había oyentes que llamaban, absolutamente todos los días, tuvimos en el estudio la visita de un sinfín de artistas que yo llevaba y que además de cantar contaban una cantidad de cosas de su vida, eso generaba que el público estuviera expectante por lo que iba a suceder en cada programa.

¿Qué opinión te merece la transformación actual que vive la radio tanto en Uruguay como en Argentina? ¿el formato de radio convencional murió?

Para mí el cambio va por dos carriles, uno es el tecnológico, que ha influido enormemente y después esta la parte humana, la forma de hacer radio. Creo que hay cambios que han sido muy buenos, como ciertos programas periodísticos, por ejemplo, luego existe un abanico de programas que son meramente musicales, con muy poca participación de un locutor o un conductor y después existen los que no están dentro de estas dos opciones pero que vienen por el lado del humor, que se puede compartir o no, pero, en fin, existen, así como también la exposición pública de determinadas situaciones, cosa que yo no haría jamás en la vida.

Por lo que podría decirte que mi opinión está bastante dividida en cuanto a la aceptación de determinados programas enfocados al periodismo y a la música, así como existen otra serie de programas que me parecen totalmente desechables, por su carencia de contenido, pero que tienen un gran nivel de aceptación por parte de la audiencia y esto se debe a que el nivel de educación ha bajado mucho, no solo en Uruguay, sino que en todos lados, eso hace que uno diga no, esto no es para mí, pero claro yo no soy un juez o un patrón que diga esto está bien o mal. Ahora el formato de radio convencional, yo creo que no murió, no se da tanto en las grandes ciudades, pero en ciudades medianas o pequeñas de Uruguay, de Argentina de Brasil o de Chile por nombrar algunos países, sigue existiendo y esto pasa porque a la gente le llega y le gusta eso, yo creo que el formato convencional no va a morir nunca, de eso estoy casi seguro.

¿Crees que existió algún tipo de influencia de tu parte en la carrera que hoy día lleva tu hijo?

Creo absolutamente que sí, siempre que yo estaba en casa, había en el tocadiscos, un disco sonando, ósea que el escuchaba lo que yo estaba escuchando, le apasionaba desde chiquito el tocadiscos y como todo niño chico, quería ir y tocarlo, por lo que yo debía ponerlo en algún lugar alejado. En mi casa como ya lo he mencionado siempre sonó la música de Gilberto Gil, Caetano Veloso, Gal Costa, entre otros y él siempre estaba escuchando…

Un día vino a casa un amigo que es musico y lo escucho cantar al compás de la música y quedo sorprendido del nivel de afinación que tenía para ser tan chico, hecho que hasta ese momento para mí era de lo más natural… cuando cumplió seis años le pregunte si le gustaría tocar la guitarra y para él fue una de las mejores cosas que le paso a este ese entonces, asumiendo que tenia que dedicarse a estudiar para eso, entro al conservatorio de música que había en Rocha, en el cual estuvo muchos años y había grandes profesores.

Al venirnos para Montevideo empiezo a trabajar en Galaxia FM y comienzo a conocer a una cantidades de músicos, un día viene a mi casa Rubén Olivera y se entera que el toca la guitarra y me ofrece para seguir enseñándole, no a nivel de conservatorio, pero si como para poder inducirlo hacia el género donde más cómodo se sintiera. A partir de ahí empezó a surgir una faceta compositiva que hasta el momento estaba oculta, así como también Rubén lo apoyo en el tema del canto y en lograr conexiones con otros músicos, lo que catapulto el inicio de su carrera…

¿Por qué crees que cada día aumenta más el consumo de contenidos de tipo liviano y no aquellos que tienen un trabajo más elaborado detrás?

Aumenta porque es más barato. El generar productos de determinado nivel sale más caro. El nivel cultural ha bajado, si bien hay sectores de la población con un alto nivel cultural, en líneas generales ha descendido notoriamente. Gente que no está informada o que carece de cultura, no razona bien, al no razonar bien se transforman en más susceptibles a ser dominados por el gobierno de turno. A partir de esto y para abaratar costos se fomenta lo que me dijo una vez un musico brasileño “agua con azúcar” productos fáciles de hacer y a su vez de consumir. Hay gente sin valor alguno que se hace millonaria de la noche a la mañana por beneficiarse de todo esto y llenan estadios, están dos o tres años en el tapete y un día desaparecen…

¿Crees en la imparcialidad u objetividad en la comunicación?

Creo que nunca puede haber imparcialidad u objetividad en la comunicación, porque es imposible que cualquiera de nosotros no pueda poner algo de su contenido en lo que hace. Si bien se puede tener un poco de imparcialidad, siempre algo de lo que somos nosotros mismos puede surgir, porque tiene que ver con nuestra condición humana, el día que los programas sean realizados por inteligencia artificial ahí puede ser que esto cambie. Actualmente podemos ver o escuchar, programas periodísticos o informativos que claramente están sesgados hacia una ideología y esto responde a diferentes intereses como pueden ser políticos o económicos, pero claramente tiene que ver con falta de ética de quienes hacen las cosas. También hay que entender que quienes conducen o llevan adelante estas producciones tienen directivas de parte de los dueños de los medios y en caso de no obedecer los que se les pide pueden quedarse sin empleo…

Con los avances actuales de las tecnologías y las diferentes plataformas, así como también el libre acceso y la digitalización de la música ¿Por qué crees que siguen funcionando programas donde la gente llama para solicitar una canción?

Es una cuestión muy humana y es una forma que la gente tiene de participar, ha existido desde que la radio es radio y creo que va a seguir funcionando. Es un formato de otros tiempos y va a seguir funcionando pese a todas las tecnologías existentes. Es un sector de la población que lo hace y lo seguirá haciendo y por supuesto es muy grande. En Galaxia me paso varias veces de sacar llamadas al aire en donde la gente daba una opinión, pero también aprovechaba para pedir un tema, temprano en la mañana me llamaban niños para pedirme canciones para poderlas escuchar antes de irse a la escuela, y yo se las pasaba así ellos se iban contentos, por lo que pienso que a pesar de que haya muchos que eso no les guste es una práctica que va a perdurar por mucho…

 ¿Qué te motiva hoy en día para estar en un medio?

Actualmente el motivo lo tengo y es el amor por la radio, tengo 75 años, creo firmemente que la edad no tiene que ver en esto porque mientras uno esté en condiciones de poder ejecutar una tarea lo debe de hacer.

Trabajé muchísimo en radio, cumplí 35 años de trabajo en Galaxia FM, hasta que un día al reunirme como lo hacía habitualmente con la dirección, me comunican que la radio había sido alquilada por la iglesia Universal, en consecuencia, la programación no podía tener programas como el que yo hacía. Esto me lo comunicaron en octubre y el tiempo límite para dejar de salir al aire sería el 31 de diciembre. Ante esta situación yo opte por quedarme una semana mas en mi puesto de trabajo. De ahí me fui a FM Hipocampo de mi gran amigo Néstor Techera, que es un radio online, ahí estuve dos años y medio, si bien fue difícil lograr migrar a la audiencia de Galaxia a una radio online, la gente de cualquier forma me llamaba y preguntaba cómo podía hacer para escuchar el programa, tras una reestructura de esta emisora deje de hacer mi programa por un tiempo y ahora he vuelto nuevamente al aire con una propuesta semanal que va los miércoles…

¿Qué opinión te merece el aporte de la inteligencia artificial a las diferentes actividades humanas sobre todo a la comunicación?

Creo que es una herramienta muy interesante, mediante la cual se pueden lograr muchas cosas, pero creo que tiene dos caras, una muy buena que sirve para crear y otra que yo definiría como peligrosa ya que hay que tener mucho cuidado con lo que se hace con ella. Está claro que nunca va a suplantar al cerebro humano. Por lo que hay que entender que hay un peligro latente en cuanto a su utilización y aplicación si no hace con responsabilidad. Por tal motivo habría que establecer los límites para su utilización y tener mucho cuidado.

(a través de este link se puede acceder al audio de la entrevista)

jueves, 20 de junio de 2024

ENTREVISTA A ABEL GARCIA

 

Es una de las figuras del folclore y canto popular uruguayo, que ha sabido marcar un camino y un estilo verdaderamente propio, con letras que buscan reflejar realidades de las más comunes para cualquiera, si bien el mismo se considera fuera del “sistema” este lo incluye constantemente cuando su música forma parte de diferentes reuniones o momentos cotidianos. En esta oportunidad paso por Periodismo en tus Manos, Abel García.


¿Cómo podrías definir la música que haces?

Me resulta bastante difícil porque yo tomo distintos elementos de otros géneros y le doy mi impronta. Cuando toco algo de folclore no lo hago como se suele hacer tradicionalmente, busco algunas variantes armónicas, incluí en algún momento hasta una guitarra eléctrica, por ejemplo, coros femeninos también, cosa que no es muy común en el folclore o en el canto popular. A veces incursiono en el tango, pero de una manera diferente. Yo grabe algunos tangos con el título Ni muy muy ni tan tangos. Tomo bastante del beat y de lo melódico porque fue algo que yo toque en mi adolescencia cuando era bajista, en Tacuarembó y aun ni siquiera cantaba. Por eso te digo que es una mezcla de todo y decir que tiene un nombre ese género es muy difícil, no podría definirlo y tampoco sé si es realmente necesario que lo haga, aunque hay mucha gente que tiene la necesidad de poder encasillarte en un género determinado…

¿Cuáles son tus principales influencias?

En mi adolescencia la música Beat y la melódica, algo de rock, mucho folclore argentino. Por aquel entonces en el Uruguay todavía no había un movimiento de canto popular que fuera importante. Se escuchaban algunos folcloristas como Tabaré Etcheverry, Aníbal Sampayo, Osiris Rodríguez Castillos…

Mas adelante en el tiempo, aparecieron Los Olimareños, Alfredo Zitarrosa y Viglietti, que pudo haber sido la primera influencia en mi estilo de cantar como cantor popular. Después vinieron las influencia de los españoles, de los trovadores como Serrat, Paco Ibáñez, Patxi Andión, Luis Eduardo Aute, etc. A mí me influyeron mucho los trovadores españoles, creo que estuve más cerca de ellos que de nuestro folclore. Así como también me pasa de manera inversa con la murga y el candombe que son géneros con los cuales no me siento identificado, por el contrario de la música popular brasileña con Caetano Veloso y Chico Buarque entre otros, que me sirvieron para pedirles prestados algunos acordes y armonías que después también las aplico a la hora de hacer canciones de folclore cosa que suena muy extraña ya que el folclore se basa en los tonos comunes y corrientes sin demasiadas alteraciones armónicas, hecho que generó que me miraran de una forma extraña en momentos donde me incline más por lo folclórico. Pero en resumidas cuentas las melodías brasileñas y los trovadores españoles han sido mis grandes influencias.

A tu entender ¿Qué es lo que define a un estilo musical como popular?

 Alrededor de los 70 en el Uruguay creo que a través del periodista Elías Turubich se le llamo canto popular a lo que hacían aquellos cantores que interpretaban el sentir del pueblo en cuanto a cuestiones sociales, porque otros géneros musicales les cantaban a otras cosas y nosotros en general teníamos muchas canciones contestatarias o haciendo referencias a las problemáticas del momento.

Ahora, si nos vamos a basar en que lo popular es algo que gusta masivamente, el canto popular nunca fue algo super masivo en cuanto a que le llegue a un porcentaje alto de la población, es para un grupo determinado y generalmente de tendencia izquierdista. Si vamos a mantener esa línea de pensamiento podríamos decir que la cumbia es más popular, es lo que más se escucha o se ha escuchado, también la música melódica. Acá ese género casi que no se ha desarrollado, prácticamente muy pocos cantores que incursionaban en lo melódico. Pero si se consume mucho lo que viene de afuera, Roberto Carlos, por ejemplo, Luis Miguel, Camilo Sesto, Chayanne, etc. Estos artistas vienen a Uruguay y llenan estadios, por lo que el termino popular hay que tomarlo con pinzas. Capas que no fue una buena idea definir al canto popular con ese nombre, como te decía, teníamos un apoyo bastante importante de gente, pero era un sector de la población y definir que un estilo musical es pueblo porque canta sobre cuestiones sociales no se si es lo correcto…

En la actualidad ¿Qué lugar ocupa la música folclórica en la sociedad?

Creo que está cada vez más debilitado el folclore y tal vez porque no se ha renovado, porque los músicos siguen tocando de la misma manera de siempre, no se abren a otras sonoridades, que en parte fue lo que yo intente, pero creo que no gusto mucho, sonaba raro. Yo no me considero un gran musico y no tengo un gran conocimiento armónico ni nada por el estilo, pero aun así esas pequeñas alteraciones creo que chocaban. Tanto así que un día un presentador de televisión bastante conocido en el mundo del folclore me presento diciendo “voy a presentar a este cantor que en realidad no se bien que es lo que hace, si es el folclore del futuro…”

Evidentemente tenía un oído bastante tapado y era poco abierto a variaciones musicales dentro del género. Poner una guitarra eléctrica y coros femeninos, en mi caso fue tomado de la música del Brasil que se utiliza mucho y a mí me encantan los colores que aportan, en Uruguay salvo que sea una cantante solista no se le da lugar a la mujer, en ese sentido el folclore es bastante machista, ese tipo de cosas son las que le afectan. A mí personalmente me aburre. En Argentina es diferente, si bien allá están en dificultades, pero han incursionado en otras sonoridades, acá no se les llega a los jóvenes porque para poder llegar a ellos tenes que darle una sonoridad que les sea familiar, si bien hay que respetar el sonido de las guitarras, las nuevas generaciones se acercan más a la electrónica. Cuando se agregan más instrumentos se usan para sonar más fuerte y no para hacer mejor música, para mí el folclore esta franca decadencia…

¿La digitalización de la música le suma o le resta al artista?

Yo creo que le suma, estoy abierto a la tecnología, creo que bien utilizada es bienvenida, con ella se pueden lograr sonoridades diferentes. Yo hice hace muy poco un trabajo de música melódica, para darme el gusto de rememorar mis tiempos de adolescente y los arreglos musicales los hizo un solo musico, recurriendo justamente a la digitalización, a los sonidos electrónicos o a veces instrumentos ampliados por ejemplo tener registrado el sonido de una batería de verdad, pero sacarla de un teclado. Si yo fuera a poner todos los músicos que sonaron en esa grabación, para mi económicamente sería imposible. Claro que me encantaría poder grabar con siete u ocho músicos de verdad, pero para mí es casi improbable…


Todo lo que sea tecnología, si se la utiliza desde la sensibilidad es decir que yo tome el sonido de un instrumento determinado, pero la creación del arreglo sea mía, simplemente utilizando la sonoridad, considero que es bienvenida y hay que estar abierto a todo eso. Lo que si no estoy de acuerdo es en adulterar, por ejemplo, a mí no me gusta que me corrijan la voz, por suerte yo afino bastante bien, pero a veces una notita te puede quedar más o menos ahí y hay formas de corregir y llevar esa nota a que quede perfectamente afinada, eso  desnaturaliza y le quita lo humano. Claro hay gente que desafina mucho, entonces necesita de ese sistema para poder sonar afinado en la grabación, pero ese ya es otro problema.

A mí me gusta mucho grabar casi como quien graba en vivo, sin metrónomos, que, si bien te permiten llevar un tiempo, pero la música no es una cosa rígida estricta, hay movimiento, es dinámica, entonces cuando se logra intentar algo demasiado puro y perfecto, se pierde lo humano que debe tener, por eso bien por la tecnología, pero si es utilizada en pos de la sensibilidad de quien crea.

 ¿Actualmente se puede decir que existe la música del interior y de la capital?

Creo que si, en Montevideo se dan una cantidad de artistas y músicos que hacen un tipo de música que por ahí en el interior no los escuchan, que además es una pena porque hay cosas realmente muy buenas que se hacen en la capital y no logran trascender en el resto del país. También tiene que ver con que no hay una difusión a nivel nacional de todo lo que se hace y el oído de la gente se va acostumbrando a lo que escucha habitualmente. Por ejemplo, Fernando Cabrera que es un musico exquisito, tiene un público determinado en Montevideo, pero lo tiene. En el interior no sé cuántos lo podrían escuchar, tal vez un pequeño grupo de esos que existen cada pueblo que tienen curiosidad en buscar otras músicas… así como te mencione a Fernando Cabrera podría haberlo hecho con otros tantos…

El interior es folclore que también está perdiendo trascendencia y está siendo suplantado por la cumbia, porque los propios folcloristas fueron los que trajeron esa situación. En los festivales hace muchos años la gente iba a escuchar a un artista cantar, tocar y apreciar lo que hacía, pasado el tiempo se empezó a apostar por el agite, por decirlo de alguna manera.

Yo no tengo nada en contra de que en un momento cantas una canción e invitas a la gente a hacer palmas y agitar un poco…  pero no puede pasar todo por ahí, a raíz de esto surgieron grupos y solistas que se dedican a la polca, entonces en los festivales es lo que suena y sirve para agitar, de esta manera se fue perdiendo ir a escuchar por el agite, al que últimamente se le agrego la cumbia, entonces los folcloristas se quejan porque no los llevan, pero ellos fueron los que transformaron los festivales en un bailongo. Y no tengo nada contra la música bailable, yo supe tocar en bailes en mi adolescencia. Por lo que creo que los festivales se deberían de dividir entre los que quieren ir a escuchar a músicos y los que prefieran ir a bailar la música que sea, cumbia, candombe polca, etc. Por eso claramente hay una música del interior y otra de Montevideo, si bien yo estoy bastante por fuera del ambiente, pero cuando me llega por alguna vía algo que hacen algunos músicos montevideanos, realmente hay cosas muy valiosas que en el interior jamás se escucharían…

¿Las problemáticas de tipo social te motivan a componer? 

En este momento no, yo nunca cante canciones tan directas, mis canciones siempre andaban por el lado de lo humanístico y hoy no me motiva tanto la problemática social para componer, si más que nunca lo humano, porque creo que en definitiva todo pasa por ahí. Los problemas sociales responden en definitiva a una cuestión humana, por eso, hoy en día estoy más abocado a mirar al ser humano y su comportamiento a través de la historia… Yo pienso que aún estamos en la Edad Media, no hemos evolucionado. La evolución que ha habido ha sido tecnológica, pero el ser humano sigue siendo exactamente el mismo, por lo tanto, me motiva más a componer una visión más humanística que social.

¿Existe una búsqueda constante en el artista para no perder vigencia o se prefiere ser fiel a un estilo?

Si, el problema es cuando los músicos predican una cosa, pero están jugados a mantenerse vigentes en la popularidad a cualquier costo, para poder seguir tocando y cantando. Pero realmente habría que ver por donde es que viene la vigencia si es el simple hecho de permanecer presente para el público que te sigue o si tienen que ver con la vigencia de la propuesta artística. Algo que pasa con el canto popular o folclore es que se le siguen cantando a las mismas cosas, las mismas reivindicaciones, que hoy suenan vacías totalmente. Por más que sigan siendo necesarias las reivindicaciones sociales. Pero para mí hoy el humano atraviesa una encrucijada mucho más trascendente. Llegando a entender que necesita una transformación espiritual, si se pudiera arribar a ese punto todo lo demás desaparecería. Porque si logramos evolucionar a un estado más avanzado de conciencia ese nuevo humano no aceptaría que hubiera injusticias sociales, de hecho, por añadidura no existirían, porque al transformarnos en hombres y mujeres de buena voluntad no podríamos concebir jamás que alguien viva en la indigencia o la injusticia… Por eso yo creo que la gran transformación hoy por hoy pasa por el ser humano. Entonces yo puedo decir sin falsas modestias y sin ningún tipo de ego que mi canto se mantiene vigente en cuanto a su concepción y lo que dice o pretende decir, sin embargo, como artista yo no estoy vigente, porque como te decía yo me aleje del sistema completamente porque cada uno acomoda su chacrita en la búsqueda de ser convocados por el Ministerio de Cultura o los organizadores de festivales, etc. Entonces creo que hay dos formas de mirar la vigencia, una es estar presente en el pueblo y la otra es que, aunque cantes para cinco, tu canto sea vigente con lo que transmite

¿Qué opinión tenes de la actualidad a nivel social?

Creo que estamos muy jodidos, nos hemos venido abajo culturalmente y eso también responde a políticas de Estado, porque aquí los que nunca se tocaron fueron los contenidos de la educación. Se preparan a los niños para que sean ciudadanos funcionales a un sistema con cero autocritica, cero capacidad de análisis o discernimiento, sin pensamiento propio. La gran transformación seria cambiar todos los contenidos, desde que comienzan en el jardín. Pero se transmiten los mismos valores de siempre sumado a la información que después no te sirve para nada, cuando lo que debería propender la educación es formar individuos para que sean felices y que desarrollen su capacidad, sí, pero no para simplemente funcionar como el sistema lo requiere, que es con un fin económico que es importante, pero con eso no logramos seres humanos felices, por algo uno ve que hay personas que están muy bien económicamente pero no están felices y eso es porque la felicidad va por otro lado, por más que tengas los mejores lujos si uno no está bien espiritualmente lo otro no sirve de nada y trae consigo la infelicidad. Cuando esto sucede, pero además existen problemas económicos, la infelicidad es mayor aún. No en vano la gente busca escaparse, hay mucho escapismo y evasión de la realidad a través de la droga y el alcohol, así como también del consumismo, ni que hablar de la evasión extrema que es el suicidio, que en Uruguay la tasa es muy alta. Cada uno trata de evadirse de una manera, porque en el fondo no se siente feliz en esta sociedad y sobre todo no se siente feliz con uno mismo y eso también tiene que ver con la búsqueda interior que no es fácil. Entonces la problemática social sigue siendo la misma porque el ser humano no se encuentra a sí mismo y si así mañana se lograra con un gobierno una mejor distribución de la riqueza y mayor justicia social, si no nos enfocamos en lo que somos, seres espirituales y emocionales no vamos a estar felices igual. El tener mayor poder económico o mayor estándar de vida no da felicidad, por supuesto que es necesario tener un techo, tener confort, tener la comida todos los días, la posibilidad de acceder a la salud, pero eso no alcanza, entonces la problemática social sigue respondiendo a un problema a nivel humano, a nuestros conflictos existenciales.

¿Quién o que le pone fin a la carrera de un artista?

La carrera del Artista transita por el camino de poder mostrar lo que hace. Si no existe un marco adecuado para que esto suceda, el artista puede ver dificultades para desarrollar su carrera. En el Uruguay bajo ningún gobierno ha existido un proyecto cultural real que los apoye, pero está la actitud, el hecho de sentirte artista y eso no se termina nunca, el que se siente artista lo sigue siendo hasta el último día de su vida, yo creo que puedo ser un ejemplo de eso. Si yo analizo mi carrera artística creo que ni siquiera la tengo, por todo lo que mencione anteriormente de estar “fuera del sistema” como yo he sido fiel a mi manera de pensar y mantener mi dignidad, yo no he tranzado con ningún partido político a pesar de poder haberlo hecho para estar más presente a la hora de ser convocado por direcciones de cultura. Entonces si pensamos que es lo que hace que pueda terminar la carrera de un artista, en mi caso se podría decir que el sistema ha hecho mucho para terminar con mi carrera porque no se me abren puertas que perfectamente podrían estar abiertas, sin necesidad de que yo tenga que pasarle la mano por la espalda a nadie o hacerme de tal o cual partido, cosa que trae muchos beneficios y lo sabemos. Pero mi condición de artista no me la coarta el sistema, yo sigo siendo artista y canto donde se me dan las posibilidades. Canto mucho en mi casa y lo disfruto y me sigo sintiendo artista y vivo como tal, es más, poco me preocupa estar arriba de un escenario o en un teatro, me atrae mucho cantar en plazas o peatonales, creo que es donde más disfruto porque me siento libre, canto para el que se arrime y el que no, seguirá su camino, pero yo sé que estoy siendo artista en ese momento, si me valoran uno, dos o tres mejor, pero tampoco necesito que alguien valore lo que yo hago, por supuesto que lo agradezco y son caricias al alma cuando viene un elogio por lo que haces, pero yo soy consciente sobre todas las cosas de lo que yo hago, sé, si a veces le emboco y hago algo bueno, como a veces sé que le erro y el resultado no es tan bueno… pero en realidad es tan simple como entender que la carrera va por un lado y el ser artista, va por otro, se puede seguir siendo artista, teniendo una carrera frustrada dentro de lo que se considera el mercado…


 

 

 

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